La Hermandad del Santo Entierro escribe una página en su historia y en la de la Semana Santa ferrolana, al recuperar la ceremonia del Desenclavo, celebrando así un Viernes Santo inolvidable.
Tras unos días de descanso, toca echar la vista atrás y también al cielo para desde lo más profundo del alma dar GRACIAS.
La espera ha sido larga, muy grande la ilusión, y más inmensa la alegría. Hoy nuestro corazón late con más fuerza en negro y rojo, hoy somos más Santo Entierro que ayer, somos más hermandad que mañana y más familia que nunca, y todo eso lo somos por ÉL.
No hay palabras que puedan describir lo agradecidos que estamos por todo el cariño y amor que hemos recibido de los devotos y fieles de esta pequeña hermandad que hoy se siente gigante, nuestro espíritu de servicio se hizo presente este Viernes Santo en las lágrimas que brotaban entre el público, en las miradas tras el capuz de aquellos que habían esperado tanto, en la emoción contenida de los hermanos, en el orgullo de sentirnos tan queridos por muchos ferrolanos al devolverles una tradición ya perdida y casi olvidada. Son precisamente esos sentimientos y nuestra Fe en Cristo, la que nos hizo creer que era posible y así lo hicimos.
El camino hasta aquí ha sido difícil, por eso también tenemos que tener presentes a quienes no creyeron en nosotros, a quienes nos pusieron piedras en el camino, también a esos estamos agradecidos pues nos han hecho más fuertes y han hecho que digamos con más energía SOLO DIOS BASTA.
Cuando acaba la Semana Santa siempre nos queda el sabor a morriña, el anhelo del olor a incienso y el del sentir el nudo en la garganta con cada nota de una marcha procesional, pero este año es distinto no hay un final, sino el inicio de otro año que con más fuerza, más esperanza y más ilusión comenzamos para que el próximo Viernes Santo vuelvan a brotar las lágrimas de emoción, vuelvan los abrazos perdidos, la fe inquebrantable y el latir de los corazones.
GRACIAS POR TANTO, GRACIAS POR TODO


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