Cada Viernes Santo todo hermano se despierta con los nervios propios de un cofrade pues llega el gran día, el más esperado del año. Se cuentan las horas, minutos y segundos para que por fin se abran las puertas de San Julián, aparezca la cruz de guía, suenen los primeros acordes de una marcha procesional y el nudo en la garganta dé paso a la emoción contenida durante tanto tiempo. Ese cruce de miradas entre cofrade y devoto cuando se atraviesa la puerta de la Concatedral es una imagen que queda grabada en la memoria de muchos y en el corazón de otros tantos.

Si pudiésemos rebobinar todo el proceso para llegar hasta ese instante que se esfuma en unos segundos pero que perdura en nuestro corazón, veríamos que hay un gran trabajo detrás que se desarrolla todo el año y que permite que todos podamos soñar.

En nuestra Hermandad todo ello se lo debemos al equipo de Mayordomía dirigidos por el mayordomo Tono Loureiro y coordinado por Perico Santalla junto con todas las manos voluntarias que hacen posible que todo luzca y salga como estaba previsto. El Santo Entierro nunca podrá agradecer lo suficiente a cada una de estas personas que limpian enseres, mueven estructuras, colocan cortinas y hacen que podamos mostrar en un solo día lo que significa para nosotros ser del Santo Entierro.

Este año para todos, suponía un plus de exigencia al recuperar el Desenclavo, y por eso son pocas las líneas que podemos dedicar a estos hermanos que en la sombra y de forma callada constituyen la pieza esencial del puzzle que construye la familia del Santo Entierro, desde lo más profundo de nuestro corazón GRACIAS.

Preparación del Desenclavo. Hermandad del Santo Entierro.