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El culto al Santo Sepulcro

orígenes y desarrollo

Emilio Fernández Díaz
Historiador; Cronista Oficial de la Hermandad de Caballeros Portadores del Santo Entierro

En Jerusalén desde los tiempos del emperador Constantino, se venera el lugar donde según la tradición fue depositado el cuerpo del Señor en su tránsito hacia su Gloriosa Resurrección. El hombre ha ido creando, ante la lejanía del lugar original y su paso a manos no vinculadas con el Cristianismo, una especie de «sucedáneo» del Santo Sepulcro como catequesis espiritual y también estética del tránsito de Jesús por la muerte hacia la Vida. También en Ferrol se ha dado tal hecho, tanto en la primitiva parroquial del puerto como en la actual catedral de San Julián.

Desde finales de la Edad Media, y sobre todo tras el Concilio de Trento, el culto al Santo Sepulcro alcanzó un gran auge, hasta el punto de desplazar a otras devociones de los primeros puestos de las preferencias populares y también de las reflexiones teológicas. Al mismo tiempo tuvo lugar una reelaboración iconográfica del tema de Cristo muerto, donde poco a poco han ido desapareciendo personajes secundarios hasta consolidar el tipo de Cristo yacente rodeado de los elementos emblemáticos y alegóricos en línea con la cultura y el arte barroco, preferentemente a través de la escultura. Entre ellos ocupa un lugar principal la Urna como trasunto del Santo Sepulcro. En ella se expone a la veneración el cuerpo muerto de Jesús, tanto sobre el catafalco como en el cortejo procesional. Las razones de este éxito iconográfico y devocional quizá residan en el creciente pietismo popular y también en el tremendismo barroco, que dieron origen a las representaciones de los misterios sagrados en el interior de los templos o en las inmediaciones de las iglesias. De estos dramas litúrgicos o dramas sacros ya se hacía eco el rey Alfonso X el Sabio cuando en su obra «Las Partidas» afirma:

«Los clerigos […] nin deben ser fazedores de juegos de escarnios […]. Pero representacion ay que pueden los clerigos fazer […]. E otrosí de su aparicion, como los tres Reyes Magos lo vinieron a adorar. E de su Resurreccion, que muestra que fue crucificado e resucitado al tercer dia {…]».

Estos Misterios Sagrados se han ido haciendo cada vez más realistas, más emotivos, buscando mover a la piedad de los fieles, sobre todo con las representaciones de la Pasión y los ritos procesionales característicos de la religiosidad popular postridentina. La contemplación y veneración de la Pasión de Cristo, a pesar de casi no aparecer en la iconografía del arte cristiano primitivo, fue adquiriendo poco a poco cada vez más importancia, hasta llegar con el humanismo gótico de los siglos XII y XIII, a convertirse en el eje central de todo argumento teológico. En el pensamiento simbólico medieval, donde el mundo sensible no es más que una imagen de la verdad sobrenatural superior, contemplar la Pasión de Jesús era la culminación de la epopeya casi caballeresca de la Redención, y desempeñaban un papel fundamental en la vida de los creyentes. La filiación entre el espíritu de la caballería y la Pasión de Cristo viene representada por las Cruzadas. Este espíritu de guerra santa cristiana potenció la creación de las órdenes de caballería y entre ellas, la Orden de Caballeros del Santo Sepulcro.

Contemplar la Pasión de Jesús era la culminación de la epopeya casi caballeresca de la Redención, y desempeñaban un papel fundamental en la vida de los creyentes

Fachada del Santo Sepulcro de Jerusalén

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